Juntamos las manos hacia la bóveda azul, creyendo que
pertenecemos a todo lo que vemos e imaginamos. Con el primer haz de la vigilia
del sol, se prende de un extremo en el horizonte un letrero luminoso con los
nombres que llevamos grabados en el corazón, y nuestras manos se van separando
para que se surquen con ese fuego abrasador. Escribimos en las nubes nuestras
promesas cumplidas para recordarnos cuál es nuestra razón de estar vivos, y
navegamos en nuestra mente uniendo cada momento que nos llevó a estar parados
allí frente a la aurora, aquella pieza inmortal que nuestras manos escriben en
el cielo. Juntamos las manos, y nuestra plegaria se convierte en nuestra
próxima promesa.
viernes, 31 de mayo de 2013
miércoles, 22 de mayo de 2013
Una vocación de corazón
Mi corazón canta, bombea, anuncia y palpita una vocación de ser sueño en unas manos perfumadas a mar. Me perderé como una estrella que aún no sabe brillar, y se guía de la luna para hallar su lugar. Seré un momento que titilará por siempre en cualquier anochecer, para rescatar el olor a jazmín que dejaste en mi piel. Seré el pasatiempo que aún no sabes jugar, para que aprendamos juntos a andar. Anda volando mientras tanto, que yo demoraré un rato entre tus brazos.
sábado, 18 de mayo de 2013
Última llamada
No caben las penurias, estas se convierten en plumas que van arrastrándose con los vientos. ¿A dónde nos llevará el tiempo?
Qué pregunta que viene a destiempo.
Sabes que no hay quién sea eterno, y los pasos los borran los lamentos. Para qué citar hechos si hoy ambos no nos conocemos. ¿Valdrá la pena escoger las sobras y el estiércol cuando las alas empiezan a recobrar vuelo? Son ironías de los tiempos, que a veces llaman la atención para entender el cielo, o será acaso el infierno?
Por más pena que te de, aquí empieza la ruina de nuestra gloria, a la que le seguirá la calma o un respiro. Algo que no repita la falta de tino que nos llevó a este sitio.
Sí, lo sabes bien, es la última llamada de nuestro ser.
Qué pregunta que viene a destiempo.
Sabes que no hay quién sea eterno, y los pasos los borran los lamentos. Para qué citar hechos si hoy ambos no nos conocemos. ¿Valdrá la pena escoger las sobras y el estiércol cuando las alas empiezan a recobrar vuelo? Son ironías de los tiempos, que a veces llaman la atención para entender el cielo, o será acaso el infierno?
Por más pena que te de, aquí empieza la ruina de nuestra gloria, a la que le seguirá la calma o un respiro. Algo que no repita la falta de tino que nos llevó a este sitio.
Sí, lo sabes bien, es la última llamada de nuestro ser.
Oda al amor
Para sentir en los brazos calor, hay que dar más bien que dolor, y acarrear en el corazón grandes dosis de amor. Oh sublime don del Señor, cómo vienes por lo común con el amplio perdón y una suma de gratitud. Qué sería de la tierra sin tu sazón. Porque los humanos conocemos la dicha de tus manos, y y pocas veces te recobramos, pero cuando eso sucede todo lo demás es de antaño.
Gracias por hacer nuestro sendero algo más llano. Gracias por mostrarnos nuestra razón de ser humano.
Gracias por hacer nuestro sendero algo más llano. Gracias por mostrarnos nuestra razón de ser humano.
domingo, 7 de abril de 2013
Un dos tres...
Dame una respuesta a esta cadena de contestaciones que menguando van el alma, que se aferran a la nada.
Dame el soul, y el un dos tres, un dos tres de tu ser.
Apresura el paso y vierte tu savia en mi piel, para que ya no me hieran tus desidias ni tampoco el amanecer.
Dame una cinta en el horizonte que pueda divisar cuando te haces a la mar. Antes de que la brisa refresque mi cien y envejecer la dicha quiera más. Por eso, mi vida, prepara para mí un tesoro del querer, para decir a lo lejos, un dos tres, mi alma, un dos tres.
Dame el soul, y el un dos tres, un dos tres de tu ser.
Apresura el paso y vierte tu savia en mi piel, para que ya no me hieran tus desidias ni tampoco el amanecer.
Dame una cinta en el horizonte que pueda divisar cuando te haces a la mar. Antes de que la brisa refresque mi cien y envejecer la dicha quiera más. Por eso, mi vida, prepara para mí un tesoro del querer, para decir a lo lejos, un dos tres, mi alma, un dos tres.
miércoles, 6 de marzo de 2013
El valor del cielo
Aun no he podido tocar mi alma, la siento invadir mi vida inundando mi paz y apostando por mi a cada momento. Pero no he podido materializarla, porque quiza asi seria como el corazon, tendria un inicio y un fin, y se volveria efimera, con un caracter humano, muy vulnerable. Aun no he podido tocar mi alma, la siento gobernar mi cuerpo, pero al mismo tiempo tan sublime e inalcanzable. Aun no he podido comprender su silencio. En un abrazo se comunica, pero su conversacion escapa a mi entendimiento. Son sus pulsaciones los latidos del divino corazon que rige mi vida. Es el halo que da sentido a mis mananas, a mis aciertos. Aun no he podido tocar mi alma, y no me duele, porque gracias a ella he comprendido el valor de la eternidad, del verdadero cielo.
jueves, 14 de febrero de 2013
La relatividad del amor
Hay quienes dicen que el amor es absoluto. Desde donde estés sientes lo mismo y sabes que es del mismo color que el de las azucenas, y es tierno y cálido, y que sabe a miel y que te hace estar en praderas y te arrastra como las olas del mar se llevan las huellas sobre la arena. Y seguramente adjudicarán también al amor los idealistas la facultad de ser etéreo, intocable, incontable, invisible, y quizá hasta dejarán dicho que se vuelve vida cuando nace en nuestro corazón. Pero qué sucede cuando tomamos conciencia de la relatividad del amor, el cual empieza en uno y temina en el otro, y que está enteramente sujeto a dos corazones ya no independientes, dos almas mutuamente referedidas entre sí. Una en un inicio el punto de partida y luego también el final.
A veces queremos aferrarnos a la idea de un amor incondicional, independiente, inmaterial y hasta absolutista, pero no nos damos cuenta que si el amor es lo más perfecto que tiene la humanidad es porque se refiere a un otro y depende de dos voluntades que se vuelven vida, de dos entes que van aprendiendo a caminar juntos para soñar con la idea de que ahora son el mismo ser y ya nada es relativo.
A veces queremos aferrarnos a la idea de un amor incondicional, independiente, inmaterial y hasta absolutista, pero no nos damos cuenta que si el amor es lo más perfecto que tiene la humanidad es porque se refiere a un otro y depende de dos voluntades que se vuelven vida, de dos entes que van aprendiendo a caminar juntos para soñar con la idea de que ahora son el mismo ser y ya nada es relativo.
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