Heme aquí desarmando el cielo, desplazando nubes, pintando surcos sobre el azul intenso. Estoy donde se crean las sombras, donde se redime al viento, donde son miel las palabras de un amigo profético. Y sentada sobre una torre de cieno, voy destiñendo la vida, para que tú la vivas de nuevo. Voy dejándole al ocaso el sabor crujiente del misterio. Voy siguiendo aquel tinte violeta que colorea lo inmenso. Y en mi ingenua osadía, intento traducir el rumor de los cedros, ahorrar la algarabía de vencer al tiempo, entender que lo cierto muchas veces no es eterno, y confesar en vida que no hay secreto que valga para alcanzar este cielo.
viernes, 9 de diciembre de 2011
domingo, 4 de diciembre de 2011
Un ojo mágico
Hay un portal que se abre cuando duermes que da vida a todos tus sueños. Es como un ojo mágico por el que fluyen nuestras vidas en contados segundos, donde suena siempre una canción de parodia.
Es una ventana que entre persiana y persiana ventila nuestros miedos, esos que celosos andan queriendo entrar en este juego.
Es la conexión que nunca nos hace falta, la antesala a tu vigilia, la que nos presta las alas en esta noche estrellada, para que contemos nuestras historias a ciegas, con las miradas calladas.
Es una ventana que entre persiana y persiana ventila nuestros miedos, esos que celosos andan queriendo entrar en este juego.
Es la conexión que nunca nos hace falta, la antesala a tu vigilia, la que nos presta las alas en esta noche estrellada, para que contemos nuestras historias a ciegas, con las miradas calladas.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Instrucciones para concientizar el corazón
Cada configuración es menos dolorosa, como si la experiencia posterior fuese siempre menos intensa, desabrida, de un conocimiento rutinario. Primero, se apacigua la respiración, se contiene el aliento, y una pausa capciosa te sitúa en el nivel de amor correspondiente. Los sentidos recobran su autonomía y la función se lleva a cabo. Básicamente, las instrucciones se interiorizan la primera vez. Poco a poco la mente se otorga voluntad propia y actúa por propio incentivo. Sabe cuando es necesario un ajuste brusco o si la variación es imperceptible; se alerta si el incentivo es perturbador, aunque normalmente tiene todo bajo control.
El corazón se reprime frente a un sentimiento borroso, o a la famosa incertidumbre en el reflejo de una mirada, del peso irremediable de una pregunta sin respuesta, de la ilusión vana de una sonrisa ocasional. Pero luego la mente, como si esta presintiera un cambio, se ocupa del paliativo correspondiente en preparación hacia la concientización del corazón; el cual, someramente, se vuelve un órgano flexible y continúa el proceso con ligereza.
Cuando se hace tarde, mente y corazón descansan de lo perceptible, del resto no soy consciente.
domingo, 30 de octubre de 2011
Te veo...
Te veo, vas por los matorrales, escudriñas la maleza, sientes una ráfaga venir, te balanceas y empiezas a correr.
Te acercas, te arrodillas por la desesperación, y gritas hasta quedar sin aliento. Una lágrima cae por tu rostro, me duele y considero llorar junto a ti, pero sé que no me ves y lo supero.
Hundes las manos en la tierra, inclinas la cabeza y rezas con fervor, nada te detiene, y entre plegaria y plegaria me pregunto, ¿me escuchas?, sonríes, y empiezo a llorar.
jueves, 20 de octubre de 2011
Volverte a ver
Mis pestañas elevan hoy la remota idea de volverte a ver, de que en mis pupilas se avecine pausadamente un reflejo de tu ser.
Y en el ciego bosquejo de un casual encuentro, palpitan insinuosas las mocedades del ayer. Que quejosas andan huyendo de su suerte, más que de vida, de muerte y pronto padecer.
El relato ahora se quiere atrever, a en una frase ausente dejar entrever, que hoy cuánto menos doy por volverte a ver.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Un amuleto...
Caí extenuada por un tropel de anhelos, y bajo un cojín, hallé un amuleto.
Brillaba, brillaba, y una sonrisa relucía en la noche, no era sigilo sino derroche, un exceso de encandilamiento.
Y fascinada por el designio del cielo, controlé marejadas y ciclones, desafié la fortuna y conseguí más que treguas a borbotones. Pero al final de la jornada, descubrí que el encanto no está en el talismán, sino en el encantado, y que no todo es obsequio ni dádiva, sino un fruto mal interpretado.
martes, 18 de octubre de 2011
Llueve suave
Estoy a salvo, no llega la lascivia a mi corazón, y aún me escoltan las palabras. Siento excomulgarse la desidia de la palidez de mis manos, y me complace el nuevo bouquet que se ensambla hoy. Llueve suave para cortejarlo. Llueve suave sobre mis manos. Y el rumbo se hace claro, se marca por el suelo húmedo, sobre la desolación de unos pasos cansados.
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